Ecuador: Lenín Moreno, el optimista que desafía a su antecesor

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Lenín Voltaire Moreno Garcés ve el vaso medio lleno. Siempre. El presidente de Ecuador, elegido hace casi siete meses en una ajustada victoria —51,15% de los votos, frente al 48,85% obtenido por el candidato conservador Guillermo Lasso—, aparenta ser más un motivador profesional que un jefe de Estado al uso.

“Cuando fui electo presidente de la República por un estrecho margen, el país estaba polarizado. Y solo tender la mano al diálogo, propiciar mayor libertad de expresión, generó que volvamos a acercarnos los ecuatorianos”, ha expresado este martes en declaraciones a los medios de comunicación presentes en un acto en Casa América, donde Moreno ha hablado sin tapujos de todo: su gestión, la corrupción que salpica a su gobierno, Cataluña, Venezuela, Rafael Correa, Julian Assange, el visado europeo a los ecuatorianos e incluso de lo que él mismo ha denominado “experiencia de vida”, un momento de debilidad personal que supo convertir en su principal fortaleza gracias a una herramienta: el humor.

Ese punto de inflexión ocurrió en 1998. “Me asaltaron y me robaron mi vehículo, pero el asaltante no se conformó con eso y también decidió pegarme un tiro”, recuerda. Ese disparo le seccionó la médula y se quedó parapléjico. “Estuve tirado en una cama durante cuatro años. Fue un dolor terrible. Utilicé todos los medios científicos, múltiples operaciones y muchos medicamentos. Llegué a tomar 45 pastillas al día. Y el dolor nunca se fue”. El cambio llegó cuando un amigo suyo le contó “una broma”: “Cuando terminé de reírme, el dolor se había ido”.

Desde entonces, Lenín Moreno ha empleado el humor como terapia en lo personal y profesional: “No existe mejor remedio para los males del cuerpo y el alma. Nos tomamos muy en serio. Démosle seriedad a aquellos momentos y circunstancias que lo merecen, pero empleemos el buen humor”, insiste. Su modo de hablar, pausado y cercano, sumado a la gestión realizada en estos meses, le han hecho ganar popularidad en su país. “Las encuestas dicen que el 80% de ecuatorianos están de acuerdo con su presidente. Yo suelo decir que esas estadísticas son hechas en mi casa”, bromea. Además, “sin que se tome ninguna decisión económica”, ha dicho, “están creciendo las ventas, y eso es una muestra de confianza de los ciudadanos en el futuro”.

Es en este punto en el que Moreno hace un alegato en favor del positivismo: “Es posible que el optimista y el pesimista tengan la misma posibilidad de que las cosas les salgan bien, pero el optimista se divierte más”.

Marca distancias con Correa

Ese estilo diferente y dialogante ha sido lo que lo ha distanciado de su antecesor en el cargo y compañero del partido oficialista, Alianza País. “El criterio que el señor presidente Correa tiene de mí ahora no es muy bueno que digamos. Yo siempre tuve un buen criterio de él, pero es probable que ambos estemos equivocados”, comenta con ironía sobre su relación actual. A pesar de ello, recuerda “muchas cosas buenas” del gobierno de Correa, “principalmente en la primera etapa” de su mandato, cuando Moreno ejerció de vicepresidente.

“Yo creo que el tema se volvió un poco siniestro cuando los presidentes deciden perpetuarse en el poder, cuando nos creemos privilegiados, enviados divinos. El poder es peligroso, hay que abandonarlo lo más pronto posible”, sostiene. No obstante, asegura que no se arrepiente “de haber admirado a ese joven idealista que hizo una gran transformación en el país”, pero al mismo tiempo no le gustan “aquellos que tratan de disfrazar de democracias las dictaduras”.

“No creo que nadie tenga derecho a reelegirse indefinidamente. Yo no estoy a favor”, indica. El presidente ecuatoriano también ha mencionado la corrupción que ha salpicado de lleno a su gobierno, con el vicepresidente, Jorge Glas, en prisión preventiva desde el 2 de octubre y que fue condenado a seis años de cárcel por delitos de asociación ilícita en la trama de sobornos de Odebrecht.

“La última etapa [del presidente Correa] se caracterizó por actos de corrupción muy graves que ahora estamos pagando muy caro”, ha señalado al respecto. Sobre el caso de Glas, más próximo a las ideas de Correa, Moreno ha reconocido que es un asunto “muy delicado” para opinar, y ha manifestado que cuando su Gobierno habló de que harían “una cirugía mayor a la corrupción” al llegar al poder, eso significa “dejar que cada una de las funciones del Estado haga su tarea, sin ningún tipo de intervención”.

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