Colombia: Glifosato – por Cnel. (R) Luis Alfonso Plazas Vega

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De las muchas frases del presidente Uribe que pasarán a la historia quiero traer la que establece que “el narcotráfico es el combustible que alimenta todas las Guerras”. Se refiere a las de Colombia, naturalmente. Esa frase ni siquiera ha sido controvertida, porque es demasiado real.

Sobre esa contundente afirmación vale la pena agregar que sin hoja de coca y sin amapola no habría narcotráfico, porque no habría cocaína ni heroína para exportar. Sin la materia prima esos estupefacientes no se podrían fabricar.

La tragedia colombiana gira, desde hace medio siglo, alrededor del negocio de las drogas: contrabando de precursores químicos, fabricación de basuco y luego de cocaína pura, transformación de la morfina en heroína, narcotráfico interno comprando autoridades de control en su desplazamiento, narcotráfico internacional enfrentando los más férreos y sofisticados métodos de interdicción, corrupción aquí y allá de autoridades migratorias, envenenamiento de las juventudes en Colombia y en el exterior, lavado de activos y enriquecimiento ilícito. Y como si fuera poco los males laterales del negocio: asesinatos, sobornos y extorsión, encarcelamiento de personas inocentes e impunidad con los más atroces criminales, corrupción de un importante sector de las autoridades judiciales y de la prensa hablada, televisada y escrita. En resumen: la desgracia de nuestro querido país fundamentada en el negocio devastador de las drogas.

Hubo alguien que entendió el problema desde hace muchos años: Fernando Londoño Hoyos. Tal vez por eso el presidente Álvaro Uribe Vélez lo llevó al gobierno no en una, sino en dos carteras ministeriales: Interior y Justicia. Y los resultados los conocemos todos: casi acaban con el problema maldito de la droga.

Y lo que el entonces ministro del Interior y de Justicia entendió y nos enseñó fue muy sencillo. ¿Qué narcotráfico pudiera existir sin coca en el territorio nacional? Por eso el propósito del gobierno del 2002 fue la erradicación de las 156.000 hectáreas de coca del territorio nacional, empleando el más eficiente herbicida contra las criminales cosechas: el Glifosato o Round Up. Las bajaron a 48.000 hectáreas en pocos años. Y la heroína desapareció. Les faltó un par de años para consolidar su tarea. Era un binomio de gobierno insuperable. Los amigos de la droga generaron la salida del ministro, de aquel maravilloso gobierno. Y claro, trabajando cada uno por aparte no era lo mismo. La infiltración de los narcos en la justicia destruyó la esperanza de una nación sin drogas.

Este herbicida de carácter foliar, acaba con la hoja de coca con más prontitud que ningún otro. No se han inventado cuál debe reemplazado en esa tarea, y tardarán mucho tiempo en encontrarlo. Por eso para los beneficiarios del negocio de las drogas en cualquiera de las fases de su producción, era indispensable impedir la continuación de la aspersión aérea con este eficiente herbicida. La forma de hacerlo era desprestigiarlo.

Entonces empezaron a hablar del medio ambiente. Difícil tarea, porque no hay en Colombia mayor desastre ecológico que la deforestación de cerca de millón y medio de hectáreas de selva tropical húmeda para sembrar coca. O de valiosos páramos productores de agua para sembrar amapola. Y aunque varios medios de comunicación, en forma irresponsable, por decir lo menos, se dieron a la tarea de recomendar el final de la aspersión con glifosato, dizque para preservar el medio ambiente, terminaron aceptando que nadie les creía. Ríos de tinta y de imágenes para mentirle a los colombianos y satisfacer a sus verdugos. Poco lograron.

Entonces la emprendieron con la salud humana. Por radio, prensa y televisión se inventaron el cuento de que el glifosato era perjudicial para la salud. Fotografías y videos con niños deformados en las áreas de cultivos ilícitos hicieron carrera en esos mismos medios mentirosos. Le echaban la culpa de las deformaciones producidas a menores de edad en labores de producción de la droga en cocinas y laboratorios, al glifosato. ¡Mentira! El glifosato resultó dañino cuando era empleado contra la coca, mientras no lo era cuando los mismos narco-cultivadores lo empleaban para desmalezar la cosecha antes de que brotaran las hojas, tampoco cuando se trataba de madurar las miles de hectáreas de caña de azúcar en los departamentos del Valle y del Cauca, mucho menos era dañino para desmalezar todo tipo de cultivos alimenticios en el territorio nacional. El general Castro, Director de la Policía Nacional se bañó en glifosato frente a las cámaras de televisión para probar que era inocuo contra el ser humano.

El científico doctor Camilo Uribe Granja, tal vez el más reconocido toxicólogo de Colombia, en varias entrevistas nivel nacional e internacional desbarató esas versiones infundadas, y explicó cómo tales deformaciones eran causadas por la manipulación sin precauciones de sustancias como el permanganato de potasio, el ácido clorhídrico, el anhídrido acético y el ácido sulfúrico, precursores para la fabricación de las drogas ilícitas. Esta última sustancia empleada también en la producción de explosivos. Los medios hicieron silencio, pero la aspersión fue suspendida pocos meses después, no de pruebas científicas, sino de la salida de Fernando Londoño Hoyos del Ministerio del Interior y de Justicia.

No hago referencia a lo que sucedió durante el anterior gobierno, porque sus acuerdos llamados “de paz” con las Farc, el primero y tal vez único productor de cocaína de Colombia, en la práctica lo eran solo de protección al narcotráfico. Eso merecería capítulo aparte.

Pero llegó al poder una persona que ha manifestado su decisión de enfrentar el narcotráfico, el presidente Iván Duque. Y ha planeado reiniciar la aspersión aérea con Glifosato ¡Aquí fue Troya! Ese cada vez más alto número de colombianos que viven directa o indirectamente del negocio de las drogas entró en pánico y se desató el debate. No en el Congreso Nacional, donde ese tipo de temas administrativos debe debatirse, sino en la Corte Constitucional. Lo cual a mi me gusta por una sencilla razón: ninguno de los magistrados de la Corte Constitucional fue terrorista, ni pesan sobre sus espaldas peticiones de los EEUU por el delito de exportación de cocaína. Ninguno de esos magistrados tiene centenares de años de condenas por genocidios, violación de menores, asesinatos ni toma de poblaciones.

Preocupa que la persona que le dio patente de corso a los peores depredadores de la moral pública en Colombia, cegadores de cientos de miles de vidas y destructores de tantas familias como son las Farc; se haya reunido con algunos magistrados de la Corte Constitucional. Yo tengo la esperanza de que estos no se hayan dejado convencer, y que su integridad no se haya visto afectada por ese oscuro personaje de la historia nacional.

Espero con mente positiva, que la autorización al Gobierno del presidente Iván Duque, de reanudar la lucha del PECIG (Programa de Erradicación de Cultivos Ilícitos con Glifosato), sea determinada por el Alto Tribunal.

Sigo soñando con una Colombia sin drogas, lo cual se conseguirá cuando no haya un metro cuadrado de nuestro territorio sembrado de coca o amapola. En ese momento desaparecerán las Farc, el Eln, las Bacrim, los paracos, el reclutamiento y la violación de menores, se reducirá considerablemente la corrupción, nacerá una nueva y verdadera justicia, nuestras series de televisión tendrán temas constructivos, y desaparecerán los nombres de los curas guerrilleros de los frentes de los grupos terroristas.

No afloje Dr. Uribe. No afloje Dr. Londoño. Los han tratado de matar, pero Dios los tiene vivos para ganar esta batalla.

* Cnel. (R) Luis Alfonso Plazas Vega es Ex Director Nacional de Estupefacientes en Colombia.

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