El Salvador: El otro virus – por Marcela Recinos

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Hay muchos salvadoreños sufriendo la crisis que provino del coronavirus. Unos se han quedado sin trabajo, a otros les han recortado el salario, otros en “centros de contención” o peor aún, otros no tienen qué comer ni en dónde dormir. (Demás está decir lo que para estos últimos significa el lema “Quédate en Casa”). Sin embargo, unos cuantos le están sacando provecho, y no en el buen sentido de la palabra. En especial el presidente.

Las crisis abren ventanas de oportunidades para iniciar cambios, pero también para acumular más poder.  Desde siempre se ha sabido que en estas situaciones, el miedo que predomina en la sociedad se vuelve un recurso para sumarle más facultades al gobernante con la falsa ilusión de protección. Al parecer, esto lo sabe muy bien nuestro presidente si nos basamos en su discurso durante esta pandemia. Sí, la enfermedad es seria, pero en cada mensaje en Twitter no falla en recordarnos que “esto estará mucho peor”, que “no ha empezado la verdadera crisis” y “que Dios nos ampare”.

En estas semanas, Bukele nos ha demostrado lo que es capaz de hacer cuando se le da más poder. Desde ordenar que detengan arbitrariamente en centros de contención (un eufemismo para “centros de detención”) a las personas que incumplen la cuarentena, hasta atentar contra el Estado de Derecho al desconocer las resoluciones de la Sala de lo Constitucional.

Si llevaba una máscara para esconder el Nayib autoritario que llevaba dentro; hoy se ha desenmascarado, desnudo y en mal momento. El 28 de febrero de 2021 se llevarán a cabo las elecciones municipales y legislativas, como él mismo nos lo recordó el día que militarizó la Asamblea Legislativa. Si de oportunidades hablamos, esta es su oportunidad para hacer cosas que sumen más votos a su partido.

Queda claro que obtener la mayoría legislativa es uno de sus principales objetivos. Así ya no tendría que molestarse en mandar a los militares y policías a la Asamblea para que le autoricen todos los préstamos que quiera. Justamente por estos abusos de poder se vuelven tan importantes las elecciones del próximo año. De obtener la mayoría legislativa, estos abusos se podrían convertir en la norma.

Al presidente parece que se le olvida que quienes calificamos sus acciones, en especial durante esta crisis, somos los ciudadanos. Nosotros vamos a poderlo premiar o sancionar a través de nuestro voto en el 2021. 

Siendo esto así, el presidente tiene mucho en juego. Especialmente cuando, a pesar del miedo, los ciudadanos estamos conscientes de los abusos que está cometiendo. Las redes sociales nos han vuelto a demostrar que son instrumentos importantes para  informar y mantenernos informados. Es toda esa información la que a muchos votantes les permitirá decidir por quién votar de manera racional, basándose en lo que el gobierno ha hecho hasta el momento.

Sin embargo, esa es una pequeña parte del electorado. Sabemos que muchos otros salvadoreños votan de manera emocional. Para Bukele, este voto es importante y lo supo aprovechar muy bien durante su campaña, enfatizando el odio y el resentimiento en sus mensajes. Sin embargo, ese mismo voto del hígado que lo llevó al poder, es el que puede negarle su fantasía de lograr la mayoría legislativa.

Ahora, esos votantes están sufriendo los resultados de una pobre toma de decisiones, la cual no ha sido culpa del coronavirus sino del mal manejo llevado por el Ejecutivo. El sentimiento de perder un trabajo o de tener hambre puede llevar a que el siguiente año estos votos esta vez lo castiguen a él.

Nayib tiene mucho en juego. De seguir jugando al autoritario, no se le va a cumplir su sueño de tener la mayoría legislativa en el 2021. ¿Lo irónico? Que por tratar de protegernos del coronavirus, se contagie del otro virus: el del autoritarismo. 

* Marcela Recinos es estudiante de Ciencias Políticas.

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